Historia 
que abunda

Empieza por el Castillo de Salobreña, uno de los grandes iconos del municipio, y continúa por el casco histórico, con calles blancas, miradores y rincones como La Bóveda, el Paseo de las Flores o la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
Si quieres ampliar la visita, la Ruta de Castillos, Torres y Atalayas conecta sistemas defensivos históricos repartidos por la Costa Tropical. Y para recorrer a tu aire, puedes apoyarte en la audioguía oficial con itinerarios narrados.

Patrimonio Histórico

Empieza por el Castillo de Salobreña, uno de los grandes iconos del municipio, y continúa por el casco histórico, con calles blancas, miradores y rincones como La Bóveda, el Paseo de las Flores o la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
Si quieres ampliar la visita, la Ruta de Castillos, Torres y Atalayas conecta sistemas defensivos históricos repartidos por la Costa Tropical. Y para recorrer a tu aire, puedes apoyarte en la audioguía oficial con itinerarios narrados.

Hacia el 3500 a. C. y primeros poblados

Los restos encontrados en yacimientos arqueológicos como la Cueva del Capitán (en Lobres, próxima a Salobreña) y en el Peñón de Salobreña confirman que ya en épocas neolíticas hubo presencia humana en el territorio. Estas comunidades primitivas dejaban utensilios de sílex, cerámica, herramientas de hueso y piedra pulimentada.

Geográficamente, en estos primeros milenios la configuración del paisaje era muy distinta: el Peñón de Salobreña aún era una isla rodeada por una gran bahía, y la que hoy conocemos como la vega de Motril-Salobreña era parte de esa cuenca marítima. Con el paso del tiempo, los sedimentos depositados por el Guadalfeo y procesos erosivos colmataron esa bahía y transformaron el litoral.

Durante las edades del Cobre y del Bronce continuaron estos procesos: la costa retrocedía, el mar se retiraba, y las tierras emergidas y los aportes fluviales permitieron el desarrollo de una vega agrícola primitiva que favoreció asentamientos más estables.

Fenicios, romanos y época tardía (Selambina)

Aunque no hay una abundancia de registros fenicios específicos vinculados a Salobreña, es común en toda la Costa Tropical la influencia fenicia en el comercio de metales y productos mediterráneos. En épocas posteriores, en época romana se habla ya de Selambina, un asentamiento en la zona que participaba del sistema económico de la costa y del valle del Guadalfeo.

Durante estos procesos el litoral continuaba su transformación progresiva: la antigua bahía se rellenaba, las zonas costeras se volvían más aptas para el asentamiento agrícola y las comunidades humanas crecían en número y organización.

Salubanya musulmana y época nazarí

Con la llegada del dominio musulmán, el asentamiento tomó el nombre de Salubanya (o Salobraña en su evolución fonética posterior). En textos geográficos islámicos del siglo X, como los de Al-Razi, ya se menciona un castillo en la costa de la Cora de Elvira (Granada). En el siglo XII, Al-Idrisi se refiere a Salobreña como una alquería, un núcleo menor dentro del dominio territorial islámico.

Durante los siglos siguientes, especialmente en el siglo XIV, Salobreña adquiere mayor relevancia y se convierte en medina principal (ciudad cabecera) de un área rural que incluía alquerías como Vélez de Benaudalla, Molvízar o Lobres.

El castillo se consolida como núcleo defensivo y administrativo. Y en su interior existía un palacio real, además de funciones como prisión de nobles o monarcas en determinados momentos.

Siglo XX y actualidad

Durante el siglo XX, Salobreña experimenta cambios sociales, económicos y urbanos con el desarrollo turístico, la mejora de comunicaciones con el resto de Andalucía y el auge del sector servicios que van moldeando su fisonomía moderna.
El turismo empieza a valorarse como una actividad clave, potenciando el patrimonio histórico (castillo, casco antiguo, miradores) y natural (playas, entorno). Se han elaborado guías, rutas, proyectos de señalización y recuperación patrimonial para acercar al visitante a su riqueza cultural y ambiental.
Hoy Salobreña se muestra como un destino que combina historia, mar y naturaleza, con una identidad marcada por su pasado milenario y su paisaje mediterráneo.